Hospital Católico

IDEARIO DEL HOSPITAL CATÓLICO

SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

 

PRESENTACION

 

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En los evangelios, se presenta a Jesús como el enviado del Padre, para salvar la humanidad. De esta manera Él actúa en favor de las personas, liberándolas de todas las ataduras o esclavitudes, consecuencia del pecado. Para realizar su misión salvadora, Jesús se dedica a dos cosas: Enseñar y curar.

 

ENSEÑAR: Anunciar la Buena Nueva de la salvación es tarea primordial de Jesús. Iba de aldea en aldea, de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia. Él es el Maestro que “enseña con autoridad”.

 

“Al ver Jesús el gentío subió a la montaña, se sentó y se le acercaron sus discípulos. Él tomó la palabra y se puso a enseñarles” (Mt. 5,1-2).

 

“Otra vez empezó a enseñar junto al lago. Se reunió un gentío tan enorme que él se subió en una barca, dentro del lago; la gente toda estaba vuelta hacia el lago, en la playa. Se puso a enseñarles muchas cosas en parábolas” (Mc. 4,1-2).

 

CURAR: Una gran parte de la obra de Jesús fue la curación de los enfermos y endemoniados, como signo de su misión liberadora. En los evangelios encontramos la narración de muchos milagros que en San Juan le llaman “señales”. Cura a un ciego (Mc. 8,22-26), a un niño epiléptico (Mc. 9,14-27), limpia a un leproso (Lc. 5,12-16), a un paralítico (Lc. 5,17-26). Dos milagros en uno: curación de la hija de Jairo y la mujer hemorroisa (Mc. 5,21-43). En fin, el ministerio curativo de Jesús es muy abundante según los relatos de los cuatro evangelistas.

Hay algo muy importante en ese “ministerio curativo de Jesús”. Su acción sanadora, es  integral. Va dirigida a la persona en su integralidad, se preocupa por su cuerpo y por su espíritu. Es evidente en los evangelios, que Jesús empezaba curando el alma y después curaba el cuerpo. Curación de un paralítico (Lc. 5,17-26) “Tus pecados están perdonados… Ponte en pie, toma tu camilla y vete a tu casa”.

 

Jesús cura-sana-salva a toda la persona. Jesús no cura solo la enfermedad física, ofrece en la curación corporal la sanación interior de la persona; la libera de la culpa y la reconcilia con Dios (Mc. 2,5); la abre al mensaje de la Buena Nueva (Mc. 7,34); la ayuda a reconocer las causas del mal (Jn. 5,14); le devuelve la paz y la salvación total de parte de Dios (Jn. 5,14). Él nos enseña la relación que debemos establecer con el prójimo que sufre en la parábola del “buen samaritano” (Lc. 10, 29-37).

 

Su estilo es la misericordia. La sanación que Jesús promueve nace del amor, de compasión, de la preocupación verdadera por el sufrimiento de la persona y el deseo de liberarla. Este amor sanador de Jesús está hecho de cercanía, solicitud, tacto cariñoso, estima del enfermo, respeto a su propia capacidad de curación. Cuando Jesús se detiene ante los enfermos para perdonar, curar sus males, imponer sus manos, devolverlos a la convivencia, les está mostrando que son dignos de ser amados.

 

La Iglesia, continúa la misión de Cristo. Ella tiene la tarea de enseñar y de sanar o curar. Evangelizar sigue siendo “tarea esencial de la Iglesia”. El Santo Padre Benedicto XVI, en la Exhortación fruto del Sínodo de la Palabra nos dice: “Puesto que todo el Pueblo de Dios es un pueblo ‘enviado’, el Sínodo ha reiterado que ‘la misión de anunciar la Palabra de Dios es un cometido de todos los discípulos de Jesucristo, como consecuencia de su bautismo’” (Verbum Domini 94).

 

En su encíclica programática, (Deus Caritas est = Dios es amor) el Santo Padre Benedicto XVI, en la primera parte, expone “algunos puntos esenciales sobre el amor que Dios, de manera misteriosa y gratuita, ofrece al hombre”. La segunda parte, “es de una índole más concreta, pues trata de cómo cumplir de manera eclesial, el mandamiento del amor al prójimo” (cf. DCE 1). Esta segunda parte de la encíclica trata precisamente de “la actividad caritativa de la Iglesia”. En efecto, las múltiples y variadas obras asistenciales y de promoción, que la Iglesia lleva a cabo, no son otra cosa que, la puesta en práctica del mandamiento del amor.  “La Iglesia nunca puede sentirse dispensada del ejercicio de la caridad como actividad organizada de los creyentes y, por otro lado, nunca habrá situaciones en las que no haga falta la caridad de cada cristiano individualmente, porque el hombre, más allá de la justicia, tiene y tendrá siempre necesidad de amor” (DCE 29).

 

La pastoral de la salud, está comprendida en esa gama amplia de actividades caritativas de la Iglesia. Está fundamentada en el ministerio curativo de Jesucristo y se ejerce de acuerdo a los principios del respeto a la dignidad de la persona. De ahí que hablamos hoy de “la humanización de la salud”.

 

“La Iglesia ha hecho una opción por la vida”. Esta opción determina toda la existencia de las personas y la concepción que tengamos de los seres humanos. De ahí que, desde nuestra fe, concebimos al enfermo como otro Cristo: “… estuve enfermo y me visitaron” (Mt. 25,36)“…Cada vez que lo hicieron con uno de estos hermanos míos tan pequeños, lo hicieron conmigo” (Mt. 25,40). En este sentido el documento de Aparecida nos dice que los enfermos son “verdaderas catedrales del encuentro con el Señor Jesús” (DA 417).

 

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