Discurso del nuevo Arzobispo de Sto Dgo en la publicación de su nombramiento

 

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 DISCURSO EN LA PUBLICACIÓN DEL NOMBRAMIENTO COMO ARZOBISPO METROPOLITANO DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTO DOMINGO

 

EXCELENCIA REVERENDISIMA, JUDE THADEUS OKOLO

 

EXCELENCIAS REVERENDISIMAS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE LA REPÚBLICA DOMINICANA.

 

SEÑORES MIEMBROS DE LA PRENSA.

 

SACERDOTES Y DIÁCONOS DE LA ARQUIDIÓCESIS DE SANTO DOMINGO Y DE OTRAS DIÓCESIS DEL PAÍS.

 

RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS.

 

FAMILIA OZORIA ACOSTA

 

INVITADOS TODOS.

 

Sean todos y todas, bienvenidos y bienvenidas.

 

Agradezco la presencia de los Señores Obispos, especialmente al Señor Nuncio Apostólico quien nos ha convocado en esta mañana del lunes cuatro (4) de julio del 2016, que será una fecha memorable para mí y para la Iglesia en la República Dominicana.

 

Agradezco la presencia de la prensa escrita, televisiva y radial que con tanto anhelo esperaban este momento y acontecimiento.

 

Ya se veía venir la aceptación de la renuncia al gobierno pastoral de la Arquidiócesis de Santo Domingo, de Su Eminencia Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez. La Iglesia y el país entero estaban a la expectativa de la designación de su sucesor, como nuevo Arzobispo de la Arquidiócesis de Santo Domingo.

 

Seguro que este nombramiento ha sido una sorpresa para ustedes y para todo el país. Les aseguro que el primer sorprendido he sido yo.

 

Fui sorprendido cuando el primero de febrero del 1997, el hoy San Juan Pablo II, me nombró como primer obispo de la nueva Diócesis de San Pedro de Macorís.

 

Hoy, con profundo sentido eclesial, agradezco al Santo Padre Francisco, el inmerecido nombramiento de Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo, como sucesor de Su Eminencia Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez. Aprovecho para decir aquí con mucha satisfacción, que fui ordenado sacerdote por él, fui sacerdote de su primera Diócesis, San Francisco de Macorís, y en mi ordenación episcopal, lo escogí como Obispo ordenante principal. Esto quiere decir, que hay unos vínculos profundos que me unen al Señor Cardenal.

 

DESAFÍOS.

 

Constituye para mí un gran desafío, primero, sustituir a un pastor de la categoría del Cardenal Nicolás López Rodríguez. Todo el mundo conoce la capacidad y la fortaleza de su persona, y sobre todo la entrega incondicional a su ministerio.

 

Segundo, la amplitud y complejidad de esta Arquidiócesis, no es lo mismo 500,000 habitantes, que casi 5,000,000 de habitantes -la diferencia es sólo de unos cuantos ceros-.

 

MISIÓN.

 

El gran desafío es, dar continuidad a la misión de la Iglesia. Sabemos que, en esta Iglesia Particular se está trabajando fuertemente, por la instauración del Reino de Dios, fin último del Plan Pastoral. Quiero unirme a los Obispos Auxiliares, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, institutos seculares y laicos integrados o no, en movimientos, grupos o asociaciones, en todo lo que tiene que ver con nuestra común MISION Evangelizadora.

 

El Plan Arquidiocesano de Pastoral, que tan exitosamente se lleva a cabo, es una herramienta que me facilita la integración a la Arquidiócesis y la continuidad de la misión.

 

Soy un seguidor apasionado de la doctrina del Concilio Vaticano II, sobre todo en lo que toca a la “Eclesiología de Comunión”, que fundamenta nuestro Plan Nacional de Pastoral. Me uniré a todos los agentes de pastoral en ese trabajo de comunión y participación, que conlleva la corresponsabilidad en la misión.

 

Seguro que me preguntarán, cuáles son sus planes o proyectos al iniciar esta nueva misión como Arzobispo de esta Arquidiócesis de Santo Domingo?

 

Dar continuidad a la misión de la Iglesia.

 

Una vez tome posesión, tengo el propósito de CONOCER la Arquidiócesis.

 

Al obispo como Pastor, se le encomienda fundamentalmente, tres cosas:

 

GOBERNAR, ES DECIR PASTOREAR LAS OVEJAS.

ENSEÑAR.

 

Para esas tareas cuento con la colaboración de los Obispos Auxiliares, sacerdotes y diáconos, religiosos y religiosas. Sin olvidar que, por el bautismo y la confirmación, todos somos sacerdotes, profetas y reyes.

 

Me encomiendo a la protección de la Virgen de la Encarnación; confío en que ella me dará y nos dará, la fecundidad apostólica.

 

Gracias por su presencia, cuento con sus oraciones y ustedes cuenten con las mías.

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